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Hibridación y radicalidad

La virgen cabeza (recién publicada en México por Nitro/Press) es una novela delirante. Fue escrita por la bonaerense Gabriela Cabezón Cámara. Su registro construye personajes, espacios y temas desde una visión radical e híbrida del mundo. Radical, porque aborda con un lenguaje crudo lo grotesco de la pobreza, la siempre latente criminalidad (muchas veces homicida) y el dolor y resolución de sus personajes.

Por otra parte, practica la hibridez, en la configuración de Cleopatra, un travesti que cree poder hablar con la virgen; este personaje habita casas lumpen de una zona marginal de los suburbios argentinos. Es cantante de un género musical denominado óperacumbia, cuya fama le llevará a recorrer Latinoamérica y, eventualmente, a toparse con Qüitty, otro de los personaje principales. Qüitty, cuya nostalgia por la carrera en Letras Clásicas no termina de resolver, es reportera y explora las zonas más peligrosas de la ciudad, buscando un nota periodística que mejore su salario. Así, Celo y Qüitty, convergen y son desarrollados a lo largo del texto.

Hablamos de una visión radical e híbrida en esta reseña porque son los códigos que modelan, en grandes términos, la pieza novelística de la escritora argentina. Sin embargo, en la obra también coexisten altas expresiones del amor humano. El poso es el lugar donde Cleo predica a sus habitantes hendidos en la miseria; es allí, donde se predica sobre la voluntad de la virgen: no robar, no drogarse, salir a venerar y aplaudir a la divinidad con un afecto que  surge desde un espacio que se revela, a su vez, como el núcleo de la opresión.

Porque El Poso, lugar donde  habitan los más desposeídos de la ciudad, es constantemente acosado por la verticalidad de la civilización. La escritora enfoca su atención en las zonas donde el sujeto subalterno habita. Sujeto que es constantemente acosado por policías y balas perdidas, muertos y por noticieros que anuncian y denuncian la degradación en aquellas esquinas olvidadas de la ciudad.

 

 

No obstante, es ahí mismo, en El Poso, donde se produce el clímax; aquí la escritora decide asentar una narrativa de la redención humana, de la filiación de los sujetos, de la salvación, del amor, de una alternativa travesti-religiosa del mundo. He allí la radical hibridación de esta novela que también se despliega en su construcción formal: 25 capítulos y un epílogo. La mayoría de estos apartados inician con un poema al estilo spanglish con jergas porteñas.

La virgen cabeza, aparte de hacer un planteamiento que subvierte muchos de los códigos que habitan en la convención social, también formula un saneamiento ético del mundo, logra generar un lenguaje riquísimo en el cual, como lectores, podemos presenciar su textura narrativa o su textura lírica, muchas veces indiferenciables en esta novela.

Los lectores, al momento de enfrentarse al primer capítulo, titulado “Qüity: «Todo lo que is born se muere»”, podrán experimentar esta hibridez. Ya se percibe la perspectiva del personaje desde su primera oración: “Pura materia enloquecida de azar, eso pensaba, es la vida”. El ritmo es vertiginoso y no desistirá hasta el final.

En suma, La virgen cabeza es una obra límite, fragmentaria e híbrida, altamente recomendable si buscan novedades temáticas o de estilo literario. Esta obra, en términos generales,  es de ruptura; es una exploración de las filias humanas en sus diversas manifestaciones pero, también, de la oscuridad que persigue y rodea. Este libro es una pieza formidable de la literatura latinoamericana contemporánea.

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